La magia del mandala

Desde tiempos antiguos y en distintas culturas de todo el mundo se han utilizado los mandalas, dibujos que a simple vista parecen tan solo figuras. “Parecen”, pero… ¿qué son en realidad?

¿Qué son los mandalas?

Los mandalas son representaciones esquemáticas simbólicas del universo. Partiendo del punto central (la unidad, el principio) se basan en el círculo, representación de lo perfecto, de la totalidad, y van describiendo figuras geométricas concéntricas de diversas formas y colores que se entrecruzan en los diseños más variados. Lo que para el ojo es tan solo un dibujo, para nuestra parte sutil es como un mapa que nos guía a través de las profundidades del Ser, nos conduce de forma natural al autoconocimiento profundo e intuitivo.

¿Qué representan?

Las formas concéntricas sugieren una idea de perfección (también simbolizada en el círculo) y del eterno retorno relacionado con los ciclos de la Naturaleza. El mandala representa el Universo en su totalidad, el macrocosmos y el microcosmos, lo que se encuentra fuera de nosotros y lo que está dentro de nosotros, el infinito y la unidad, lo material y lo trascendental, el principio y el fin… todo está contenido en las representaciones mandálicas.

Para Carl G. Jung el mandala era un reflejo de la totalidad de la mente, una representación tanto de la parte consciente como del subconsciente, y en él detectaba los arquetipos instalados en el inconsciente colectivo.

El origen

La palabra “mandala” proviene del sánscrito y significa “círculo”. Aunque su origen se localiza en la India, los mandalas se han venido usando desde tiempos remotos en culturas tan dispares como la aborigen australiana, la celta, la mapuche o las de los pueblos de la América precolombina. Textos antiguos como el Sadhanamala o el Nispannayogavali hablan de los mandalas, y sus representaciones se pueden encontrar a lo largo y ancho del mundo y de la historia de la Humanidad.


De izqda. a dcha. mandalas chino, clelta y aborigen

Mandalas a nuestro alrededor

De hecho no solo existen los mandalas que el ser humano ha creado a lo largo de su historia, las estructuras mandálicas se encuentran en la Naturaleza en formas diversas: el dibujo que crean los pétalos de las flores; los remolinos que describen el agua y el viento en su movimiento; la estructura misma de la materia con sus átomos y moléculas, y la del cuerpo humano con sus céculas; los cuerpos celestes, el sol, la luna, la misma Vía Láctea; incluso en algunos animales, como los erizos, los corales y las anémonas o los caracoles, encontramos mandalas naturales.


Los entramados mandálicos se han estado usando en la arquitectura en distintas épocas y lugares, desde los templos orientales hasta las catedrales góticas con sus rosetones y vidrieras, pasando por los ornamentos del Art Noveau o los laberintos de todas las épocas en cualquier lugar del mundo.
Rosetón y vidrieras de la
catedral de Chartres
A nivel religioso y espiritual distintas doctrinas y tendencias han plasmado los arquetipos universales en sus representaciones mandálicas, y así encontramos mandalas conocidos como el Ying y el Yang, los trigramas del I Ching, el Om y el Sri Yantra, el calendario maya y el Kultrún mapuche, así como representaciones aborígenes, celtas, incas, etc…

De izqda. a dcha. Calendario maya, Sri Yantra y Kultrún mapuche

Usos de los mandalas


Los mandalas se pueden utilizar de muy distintas formas; se pueden usar como simple método de relajación, para reducir el estrés e incluso mejorar los estados depresivos, pero también como herramienta terapéutica para tratar desórdenes internos a distintos niveles, ya que ponen en funcionamiento tanto lo físico (vista, tacto, músculos) como lo mental y psicológico (elección de colores y su disposición, creatividad…)

Los mandalas fomentan la expresión de sentimientos y potencian la creatividad, favorecen la concentración y nos ayudan a desarrollar la memoria y la paciencia. Se trata de un ejercicio de auto-observación que realizamos de forma natural e intuitiva. Jung dibujaba un mandala diario para interpretar sus sueños, y al descubrir su gran utilidad lo usó como herramienta terapéutica para ayudar a sus pacientes a encontrar su propio centro y su individualidad. Su capacidad para equilibrar los hemisferios cerebrales se basa en que la parte racional de la mente capta las figuras geométricas mientras que la parte creativa capta los colores, de manera que ambos hemisferios trabajan conjuntamente durante el proceso de construcción e iluminación del mandala.

Además de su uso terapéutico y como vía de relajación, los mandalas suponen una valiosa herramienta práctica para nuestra evolución espiritual. El uso de los mandalas para la meditación está muy extendido, así como su utilización para armonizar los siete chakras. Trabajar con mandalas nos ayuda a anclarnos en el presente y a mantener la conciencia despierta; a través de sus formas y colores podemos buscar nuestro centro y, de forma natural y sencilla, contactar con nuestra esencia, con el Ser. El mandala nos ayuda a expandir la conciencia, a activar y fomentar la energía positiva y a despertar los sentidos (no es extraño que, tras trabajar con mandalas, comencemos a ver el mundo de forma distinta).

Las representaciones mandálicas se pueden usar también para mejorar el feng shui de nuestro entorno, creando un ambiente más armónico y equilibrado donde la energía, transmutada en positiva, circule de forma fluida y natural.

Meditación con mandalas

Una vez que el mandala está terminado, podemos realizar una meditación tan sencilla como eficaz con él; se trata de contemplarlo, sin esfuerzo ni exceso de concentración, simplemente miramos sus formas y nos dejamos envolver por sus colores, podemos observar el recorrido que trazan sus líneas desde el exterior hacia dentro o desde el centro hacia fuera. Si nos distraemos desviándonos del dibujo solo tenemos que volver al centro y seguir observando.



Armonización de chakras con los mandalas

Existen mandalas especialmente diseñados para armonizar los chakras o centros energéticos de nuestro cuerpo, para aumentar su capacidad de captación de energía y para lograr su equilibrio. Estos mandalas contienen formas y símbolos específicos para cada chakra y se trabajan con los colores asociados a cada uno de ellos. Mientras iluminamos el mandala, éste envía impulsos a la mente de forma subliminal, como una especie de mensaje oculto que el cerebro capta desencadenándose una reacción natural.

En la página de ejercicios puedes encontrar información para trabajar con mandalas específicos de cada chakra, con explicaciones sobre las formas y colores que vibran con cada chakra y los aspectos que te permite desarrollar el trabajo con cada uno de ellos. Además podrás descargar e imprimir las plantillas para empezar a trabajar ya con los mandalas de los chakras.

Conocer los mandalas

Los diseños de los mandalas son infinitos, la variedad de sus elementos, formas, colores y símbolos se une resultando en un sinfín de combinaciones, pero la base de su estructura en realidad es sencilla: un círculo central y los cuatro puntos cardinales.

Partiendo del punto central desarrollamos las líneas que se entrecruzan formando figuras; la deidad tiene su lugar en el centro y a su alrededor el círculo representa la conciencia dinámica; las figuras van creciendo hacia afuera llenando el mandala hasta el cuadrado periférico que representa el mundo físico con sus cuatro puertas o puntos cardinales.

En el mandala cada elemento tiene un significado, ninguna figura, línea o símbolo carece de sentido. He aquí un esquema del significado abreviado de los elementos que más comúnmente encontramos en los mandalas:

  • El círculo: movimiento, lo absoluto, el Yo 
  • El triángulo: agua, el inconsciente, vitalidad o agresión dependiendo de su posición 
  • El cuadrado: estabilidad, equilibrio 
  • El rectángulo: vida terrenal, estabilidad 
  • El pentágono: cuerpo humano 
  • El hexágono: unión de contrarios 
  • La espiral: vitalidad, energía curativa 
  • El laberinto: búsqueda de nuestro propio centro 
  • La cruz: unión de cielo y tierra, de vida y muerte, de lo consciente y lo inconsciente 
  • La estrella: espiritualidad, elevación, libertad 
  • El corazón: amor, sol, felicidad, unión 
  • La mariposa: auto-renovación, transformación 

También la elección de colores es significativa a la hora de iluminar el mandala. Esta es la interpretación más extendida del significado de los colores principales que usamos en los mandalas:

  • Blanco: la nada, pureza, iluminación 
  • Negro: muerte, misterio, limitación 
  • Gris: neutralidad, renovación, sabiduría 
  • Rojo: masculino, sensualidad, amor, pasión 
  • Azul: tranquilidad, paz, alegría, satisfacción 
  • Amarillo: sol, luz, receptividad, jovialidad 
  • Naranja: energía, dinamismo, valor 
  • Rosa: femenino, dulzura, infantilismo 
  • Morado: amor al prójimo, idealismo, sabiduría 
  • Verde: naturaleza, equilibrio, esperanza 
  • Violeta: música, magia, espiritualidad, inspiración 
  • Oro: sabiduría, vitalidad, lucidez 
  • Plata: capacidad extrasensorial, emociones que fluctúan 


Con estas claves podemos, si lo deseamos, interpretar nuestros propios mandalas una vez terminados, de manera que nos sirvan para el autoconocimiento; también podemos ayudar a otras personas a descubrir, por medio de la interpretación de sus mandalas, sentimientos expresados de forma inconsciente a través de su elección del propio mandala y de los colores y su disposición.

Para empezar a trabajar con mandalas puedes visitar la página de ejercicios, allí encontrarás una explicación detallada de cómo usarlos, además de algunas plantillas para descargar e imprimir.